martes, 2 de junio de 2009



La mies es mucha, pocos los obreros
Por: Josué David Zapata Vázquez

En el pasaje de Mateo 9.35-38 hay tres elementos importantes acerca del carácter de Jesús y de como veía a las multitudes que le seguían. Es deber del cristiano mirar a las multitudes sedientas de nuestros tiempos como las miraría Cristo. En este escrito mostraremos como ver con los ojos de Jesús a esta generación posmoderna sedienta de la verdad.

Primeramente dice que “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.”(v.36) Jesús miraba a las multitudes con compasión entendiendo que estaban con falta de alguien que les guiara al Padre y siendo descendiente directo de David, quien fue rey y pastor de ovejas, las miraba como ovejas que necesitaban de un pastor que les guiase. Las ovejas se pierden fácilmente cuando no tienen pastor o no pueden divisar de alguna manera al pastor. Asimismo, se dice que en la Segunda Guerra Mundial, en ciertos momentos algunos oficiales del ejécito Nazi perdían la noción de pensamiento cuando no recibían ordenes de sus superiores o perdían contacto con ellos, y eso les producía un caos en su pensamiento al punto de colapsar emocionalmente y físicamente, eran dependientes a un régimen que causó mucho males pero que sin órdenes de sus autoridades, estas personas quedaban indefensas. Asimismo Jesús veía estas multitudes con la necesidad de que se les guiase, se les discipulase, se les amase. Eran ovejas dependientes y estas ovejas sin un pastor que les guiara, iban directo a extraviarse.

En segundo lugar vemos que le dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”(v.37) La frase “la mies es muchaes la imagen para describir cuando los sembradíos están listos para ser cosechados. Los campos estaban blancos, en el punto perfecto para ser recogidos. Jesús compara a dichas personas con un sembradío. Él había sembrado la palabra en sus corazones, pero estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Necesitaban que se les siguiese guiando. Sin embargo, como sabemos Jesús no podía estar físicamente por más tiempo, tenía que ser crucificado y sacrificado por los pecados de ellos. Estaría con ellos por medio del Espíritu Santo morando en sus vidas pero físicamente estaría a la diestra de Dios Padre intercediendo.

En tercer lugar vemos entonces que no les dice: ¡Vayan! ¡Recojan los sembradíos! Tampoco les dijo: ¡Ustedes serán los que cosechen! Él les dijo: “Rogad, pues, al Señor dela mies, que envíe obreros a su mies.” No les envía frenéticamente a hacer el trabajo, les invita a orar. Hay una preparación que Dios tiene que hacer antes de ser enviados. Oren. Oren para que el dueño de este sembradío envíe obreros a recoger. No les manda inmediatamente a hacer la obra, les lleva a orar. Esto nos muestra que mirar con los ojos de Jesús, es tambien mirar que nada podemos hacer si no nos es dado del Dueño de las almas redimidas. Es necesaria una dependencia total de nuestro Dios antes que ir a hacer el trabajo que se nos a encomendado. Pero más profundo todavía, para obedecer el llamado hay que ser llamado. Y Jesús les envió a quien podía enviarles oficialmente a hacer el trabajo del Reino.

Recibimos entonces tres cosas: (1) Debemos tener compasión por los perdidos y mirarles como les mira Jesús. (2) Debemos saber que los sembradíos están listos para ser trabajados por los enviados de Jehová. (3) Debemos orar para que Dios envíe obreros a estos sembradíos.

Ese campo son vidas que necesitan ser llevadas al Pastor de pastores, Jesucristo, El Mesías. Dios no nos envía rápido, tiene que preparar y pasar por el fuego de laprueba a sus enviados para poder cumplir su mandato. Dios no necesita de nosotros, Dios es satisfecho en sí mismo. Pero en su gracia y misericordia no ha querido darle este evangelio para ser predicado por los ángeles, sino por hombres y mujeres inperfectos y pecadores lavados con la Sangre poderosa de Cristo Jesús.

Escuchemos y recibamos aliento en las palabras de respuesta de Isaías al llamado que le hizo el dueño de la mies: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.” (Isaías 6.8).

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